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ANGINA DE PECHO: ANGINA INESTABLE

  • Foto del escritor: Aliis Vivere
    Aliis Vivere
  • 21 sept 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 10 nov 2019

El síndrome de la angina inestable engloba una población heterogénea de pacientes. En general, se refiere a pacientes en los cuales la angina ha aparecido o sus características clínicas han empeorado en el último mes. En muchos casos se debe a una ruptura de una placa de ateroma, con evolución difícilmente previsible y que en un cierto porcentaje de los casos evoluciona al infarto agudo de miocardio.



Las clasificaciones más empleadas para estratificar los pacientes con angina inestable son la de la Sociedad Española de Cardiología (Tabla 5) y la de Braunwald (tabla 6).






Actitud diagnóstica y terapéutica en la angina inestable.


El paciente con angina inestable debe ser ingresado en un centro hospitalario, comenzándose tratamiento farmacológico máximo. En caso de que no se consiga estabilizar al paciente en las primeras 48 horas, debe realizarse coronariografía urgente y revascularización miocárdica.


En caso de que el paciente se estabilice con tratamiento médico, la estratificación de riesgo debe realizarse, como se expuso previamente en el apartado sobre angina estable, con pruebas no invasivas como la ecografía y la ergometría. En caso de que el enfermo presente disfunción ventricular en el ecocardiograma o criterios de riesgo en la ergometría, debe realizarse coronariografía.




ADAPTACIÓN LABORAL DEL PACIENTE CON ANGINA DE PECHO


Una vez diagnosticado y tratado al paciente, la capacidad funcional de éste debe ser objetivada de forma que se pueda precisar qué tipo de actividades es capaz de realizar el paciente. El instrumento más útil para ello es la ergometría, siempre realizada tras una historia clínica enfocada a objetivar el grado de limitación del enfermo. La valoración de la incapacidad laboral permenente debe realizarse siempre al menos dos meses tras la estabilización del cuadro clínico o tres meses después de la realización de cirugía de derivación coronaria.



La actitud ante la realización de una determinada actividad laboral dependerá, en último término, de la capacidad funcional útil alcanzada en la prueba de esfuerzo, la sintomatología referida por el enfermo y los requerimientos energéticos precisos para el desarrollo de dicha actividad. La valoración de incapacidad laboral permanente no es una simple definición binaria de si el paciente está capacitado o no para trabajar, sino que debe especificar claramente el tipo de actividad que puede desempeñar el enfermo.


De ese modo facilitará la adaptación laboral del paciente y posibles cambios de puestos de trabajo.


Independientemente de esta estratificación respecto a la capacidad funcional, la existencia de cardiopatía isquémica desaconseja en cualquier caso la realización de esfuerzo físico de carácter violento, la exposición repentina al frío y las situaciones de estrés psíquico importante.



 
 
 

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