INFARTO DE MIOCARDIO
- Aliis Vivere

- 21 sept 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 10 nov 2019
Infarto agudo de miocardio (IAM) es usualmente secundario a la obstrucción completa de una arteria coronaria epicárdica por la rotura con trombosis de una placa arterioesclerótica, existiendo después del mismo una pérdida de una cantidad variable de miocardio funcional. La pérdida del mismo dependerá del tamaño del IAM, y si es superior al 40% la mayoría de los pacientes desarrollarán insuficiencia cardíaca congestiva y muchos morirán en shock cardiogénico. Sin embargo lo más frecuente es encontrarnos con pacientes cuyos infartos se encuentran entre un infarto pequeño (pérdida de una mínima cantidad de miocardio funcional) y el grande anteriormente descrito. El miocardio viable restante constituye la reserva que queda para la función cardíaca.
Tenemos pues que el espectro de las consecuencias del IAM es muy amplio. En un extremo se encuentran los pacientes que han sido tratados por reperfusión miocárdica aguda con fibrinolisis o angioplastia coronaria percutánea primaria (ACTP 1a) temprana, quienes sufren la enfermedad en forma menos severa, con síntomas residuales mínimos, deterioro funcional mínimo, y un pronóstico característicamente excelente. En el otro extremo están los pacientes que, habiendo sobrevivido varios infartos agudos (un segundo infarto, si se sobrevive, añade más miocardio no funcionante y reduce aún más la reserva miocárdica) y procedimientos quirúrgicos, a menudo sufren enfermedad cardíaca coronaria terminal, caracterizada por una combinación de isquemia miocárdica, disfunción ventricular, y arritmias ventriculares.
El pronóstico a largo plazo una vez pasada la fase aguda del IAM va a depender de tres factores altamente interrelacionados:
- La función ventricular izquierda residual o porcentaje de sangre que es capaz de expulsar el corazón durante un latido,
- El miocardio viable restante subirrigado por arterias coronarias obstruidas significativamente por lesiones ateroscleróticas
- El sustrato que representa el tejido infartado necrótico para el desarrollo de arritmias malignas.
CONSIDERACIONES GENERALES Y RESPUESTA A DIVERSAS PREGUNTAS
Desde el punto de vista cardiológico, la mayoría de los pacientes pueden y deben reincorporarse a su actividad laboral, a pesar de que casi nunca hay una curación total en la cardiopatía isquémica, de hecho a lo largo de los años los pacientes pueden tener un nuevo episodio agudo coronario, pero ésto no invalida y está al margen de la posibilidad actual de trabajar.
Por otra parte, la recuperación del cardiópata no se considera completa hasta que no se reincorpora a sus quehaceres habituales, incluidos los laborales. Tanto es así, que a los pacientes a los que se les invalida o se autoinvalidan laboralmente por causas ajenas a su capacidad funcional, mantienen una peor calidad de vida, frecuente sintomatología en relación con ansiedad y peor control de sus factores de riesgo.
Queda claro pues que la vuelta al trabajo es una medida que es económica, física y socialmente deseable para una amplia gama de pacientes coronarios de bajo y mediano riesgo, ayudándoles en gran manera a normalizar su existencia. Pero en algunos casos (pacientes de alto riesgo o con clase funcional mala) este objetivo es inviable, y el enfermo viviría de forma más satisfactoria sin reincorporarse al trabajo.
¿Cómo reaccionan los pacientes ante la vuelta al trabajo?
En primer lugar el IAM representa un impacto en la estabilidad psicológica del enfermo, consistente en una reacción de miedo y temor a la muerte, a la futura invalidez y tendencia a la hiperestimación en muchos casos de los síntomas, por lo que hay muchos enfermos que llegan a creer que existe una conspiración por parte del médico para que se reintegre a su trabajo y en cambio otros niegan la enfermedad y piensan que éste exagera cuando aconseja disminuir las horas de trabajo o modificar las condiciones del mismo.
¿Cuál es la causa principal actual para la no reincorporación al trabajo?
Según la mayoría de datos de que se dispone hoy en día, sólo el 25% de los pacientes postinfarto que no se reincorporan a su trabajo lo hacen a causa de un problema cardíaco, mientras que el 75% lo hacen por motivos psicológicos o sociales. En concreto los pacientes mayores de 50 años, los que pertenecen a una clase social baja, los que no estaban contentos con su actividad laboral previa y los que poseen un trabajo de esfuerzo son los que se reincorporan más difícilmente a su trabajo. Otras causas frecuentes de absentismo laboral son el desempleo, la sensación subjetiva de incapacidad, el pesimismo en el futuro, la hiperprotección familiar y el consejo erróneo del médico de cabecera (Tabla 1).
¿Qué puede mejorar la vuelta al trabajo?
Evidentemente el entrar en un programa de rehabilitación cardíaca, consiguiéndose de esta manera la realización de una prueba de esfuerzo para determinar la clase funcional, un programa de rehabilitación física, información social e intervención psicológica.









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